 El Premio Nobel siempre ha sido una alta dignidad de ostentar, no sólo para el nominado o candidato, sino para el país del cuál es nacional el eventual ganador. El júbilo de poseer esa estatuilla se logra en cualquier categoría del prestigioso premio, más aún el Premio Nobel de la Paz, el cual ha sido una justa recompensa a aquellas personas naturales o jurídicas que no han desmayado en esfuerzos por un noble ideal, con el ánimo de contribuir sustancialmente para lograr la paz de un pueblo, de un país, de un planeta que la clama a gritos. Colombia no es ajena a ese sueño de paz perpetua, de libertad, en consecuencia, son bienvenidas las acciones DIÁFANAS de aquellas personas o entidades nacionales e internacionales que se dan a la tarea de ser parte de la solución de los problemas que le impiden a Colombia vivir en paz. Por tanto esas personas u organizaciones de derechos humanos son susceptibles de una nominación de algún galardón que encarne el reconocimiento en pro de la paz, entre ellos el prestigioso PREMIO NOBEL DE LA PAZ. Ahora bien, el conocer la nominación de la Senadora colombiana Piedad Córdoba y la “alta” probabilidad de ganar ese prestigioso galardón, no va en cohesión ni en comunión con lo anterior y desnaturaliza los principios, la misión y los fines consagrados en el testamento de Alfred Nobel para premiar y reconocer el talento humano, la investigación científica y las acciones que contribuyan a la paz y beneficien a la humanidad.
Es cierto que la senadora Córdoba en su momento fue designada para mediar la liberación de los secuestrados insertados en la lista de las FARC a cambio de integrantes de esa organización narcoterrorista que están presos en las cárceles colombianas con ocasión a los crímenes contra el Estado y la sociedad. Es cierto que la Senadora Piedad Córdoba siguió mediando en el tema de los secuestrados y los criminales por impulso propio, luego de que el gobierno colombiano le retiró la calidad de mediadora. Es cierto que algunas personas han vuelto a la libertad, dejando el drama del secuestro con ocasión al acompañamiento de la Senadora Piedad. A simple vista estas son acciones en pro de la libertad y la paz del pueblo de Colombia. Pero las actuaciones de la Senadora no son del todo transparentes como para estar nominada al Premio Nobel de Paz.
Invitar a estudiantes universitarios a la rebelión, a la subversión y expresar que el país debería tener “más Tirofijos” o personas que se levanten contra el “Establecimiento”, cuando Pedro Antonio Marín alias “Manuel Marulanda Vélez” o “Tirofijo” pasó a la historia como uno de los criminales terroristas que más daño le hicieron a la humanidad. Recitar esas tesis y hacer ese tipo de apologías no son cualidades acordes al deber ser de un nominado al tan glamuroso Premio Nobel de la Paz. Tampoco lo es expresar que estaba completamente de acuerdo con las orientaciones de las FARC, en declarar que conocer a alias “Tirofijo” fue un momento cumbre en su vida, en decir que alias “Romaña y el Mono Jojoy” eran hombres de “diálogo” y de “sanos principios” tal cual como se lo expresó al semanario Voz Proletaria en octubre de 1998, algo totalmente reprochable. ¿Será un parámetro para nominar Premio Nobel de la Paz oponerse y condenar a la más grande y digna movilización en la historia de Colombia y del mundo a favor de la paz y en contra del grupo terrorista más peligroso del que se tenga noticia, como lo fue la Gran Movilización Mundial Contra las FARC? ¿Será justo nominar al Premio Nobel de Paz a quien expresa comunión con el presidente Chávez quien a su vez le ha quitado libertades y derechos humanos a su pueblo y ha sido el mayor intervencionista de Latinoamérica de los últimos tiempos? No es nada razonable nominar al Premio Nobel de la Paz a la senadora Piedad Córdoba, quién estaría seriamente comprometida con las FARC, en virtud a la información descubierta en los computadores de alias “Raúl Reyes”, ordenadores que luego de ser incautados tuvieron el peritaje de la organización con más prestigio en el planeta como lo es la INTERPOL. En la actualidad hay en curso acciones judiciales y disciplinarias contra la Senadora por los presuntos delitos de traición a la patria y lo correspondiente con ocasión a su presunta cercanía con las FARC. A la fecha no hay una providencia judicial que exima de responsabilidad a la senadora por los presuntos delitos que se le investiga. Ahora bien, si la Senadora Córdoba llegase a obtener dicho galardón y después la sana crítica de los magistrados que la investigan la condenan, sería sin duda alguna un nefasto precedente para el prestigio y tradición del galardón y para la voluntad testamentaria del mismo Alfred Nobel. En Colombia hay muchísimas personas, organizaciones que son dignas de ser nominadas y ganadoras del Premio Nobel de Paz, que han trabajado lomo a lomo por la paz del país, que han dado hasta su vida por restituir el derecho a la felicidad de este pueblo herido por el terrorismo. Dios quiera que la divina providencia descienda e ilumine a quienes tienen esa gran responsabilidad con la humanidad de otorgar tan honroso premio. miguel.fierro@millondevoces.org |